lunes 2 de febrero de 2009

Encanto

Y cada mañana al salir el sol el encanto desaparecía y te convertías de nuevo en un ser frío e inerte como la piedra, inservible y con un semblante férreo tu mirada dirigida al suelo y parecía ausente, y de no haberte visto noches antes despierta ni siquiera me percataría de tu presencia. De pié parecías esperar a que el manto de la noche volviera a cubrir el cielo y que así el encanto desapareciese. Mirándote todo el día fijamente, abstraído el cielo comenzó a teñirse de un azul marino y violeta cada vez más oscuro, y cuando se ocultó en el horizonte contemplé lo más raro que jamás había visto.

Cuando ya parecía que la oscuridad de la noche iba invadirnos empezaste a parpadear, como la luz eléctrica de una bombilla pendida del techo, tu brillo guiñaba cada vez más rápido hasta que el tintineo desapareció y la luz surgió. Despertaste. Parecías estar rodeada de un aura mágica, y todo lo que a ti se acercaba se convertía en sombras diabólicas que de los pies a la cabeza, deformes, te seguían y a veces te adelantaban. Aún despierta eras un ser solitario, tan solo el viento te mecía cuando soplaba fuerte. Debías de estar helada. Te observaba desde mi ventana, y en la fría calle, clavada en el suelo, pensé que eras un ser único, algo mágico e inexplicable, así que decidí bajar para verte más de cerca, incluso pensé en tocarte.

Llegué al último peldaño y pisé el asfalto negruzco lleno de charcos. Continué caminando hasta que detrás de la esquina parecía reflejarse una luz en el suelo, sabía que eras tú, no tenía miedo, sólo curiosidad, necesitaba observarte más de cerca para saber que eras real. Mi corazón latía cada vez más fuerte, al fin sabría cómo eras, sabría si estabas vestida o desnuda, descubriría el auténtico color de tu tez, y si eras real o un sueño. Di un paso y la luz iluminó mis pies, y al darle la vuelta a la esquina mis ojos se abrieron al verte tan de cerca, y la tu luz se reflejó en mis pupilas empapadas de lágrimas de emoción, pues no estabas sola. Corrí por en medio de la carretera y me detuve frente a ti, pero ya no sabía cuál de ellas eras, porque todas erais iguales, cientos de farolas alumbrabais la calle aquella noche. Y en aquella línea mágica de luces tan sólo eras un punto más, como una estrella encerrada en una lata.

sábado 17 de enero de 2009

Camino sin camino I

Por el sendero íbamos juntos, seguíamos hacia el horizonte por el angosto camino que nacía a nuestros pies, y seguros avanzábamos en una dirección. Éramos felices, sabíamos que no había obstáculos delante. Y la vida era tranquila, y en ese sendero sobrevivimos a tormentas, tempestades, al frío, a la lluvia, al sol y al viento, y crecimos juntos, hasta que un día, entre la niebla y sin querer me salí del sendero, y todo cambió de repente, pues ya no sabía lo que era mi vida, ya no tenía a nadie conocido, me cruzaba con gente, para luego despedirme, ya no sabía quién era. Antes creía que el final del sendero sería el final de todo, de mi vida, pero ahora no lo sabía, ignoraba cuanto me esperaba por vivir. Ahora era un explorador que perdido en su sombra y en sus pasos caminaba, tan solo mis huellas me decían por donde no debería de volver a pasar. Y pasaron los años.

Fue difícil ser libre y estar perdido en medio de la nada, había sido mucho más fácil la vida en el camino, con los demás. Pero poco a poco aprendí a vivir solo, aprendí a defenderme y en los momentos de soledad ya no lloraba, sacaba mi guitarra y cantaba junto a los que me cruzaba fuera del sendero. Aprendí a ser feliz y juré que nunca volvería a seguir un camino, que siempre sería libre, porque seguir un camino significa aceptar muchas cosas malas.

lunes 12 de enero de 2009

en... mayo del 2018...

Hay días en los que pienso en mi vida, sentado en el viejo escalón de fría piedra mi mirada se pierde en los recuerdos que pasan por mi mente, recuerdos de viajes, de personas, de los lugares por los que he pasado, y hoy es uno de esos días. Me desperté inquieto pensando en ella, ¿qué sucedía? A qué se debía ese nudo en el estómago. Pasó la mañana y la inquietud dio paso a una sensación de agobio, como cuando tienes un examen o como cuando has hecho algo malo y sientes remordimientos. Pero estaba vez yo no había hecho nada, olvidaba algo importante. Que me perseguía como un murmullo en el viento. Desde que volví a Granada había estado pensando en ti, incluso por las noches soñaba con una calle de parís por la que paseábamos de noche, pero el tiempo había pasado tan deprisa, los días ya se habían convertido en años, las ilusiones en problemas, y nuestros intentos por quedar ahora eran complicadas estratagemas para escabullirnos de nuestra rutina, hacía mucho que no te veía, que no pasábamos una tarde juntos sentados simplemente hablando en un café, hacía tanto que echaba de menos a aquella mente agitada y aquella sonrisa. No recuerdo lo que nos había pasado algún día años atrás, quizás sea el tiempo el que en un cuello de botella ahoga la amistad, el amor y el deseo, quizás todo nace para terminar, y nuestra amistad simplemente terminó ahogada en un vaso de rutina y de obligaciones, cuando crecemos siempre crecen los problemas, y creo que eso fue lo que nos sucedió, que crecimos demasiado. Me dirigía a la oficina de empleo, desaliñado, tosía. Acababa de volver a Granada, hacía justo un año y quince días que no pisaba a España pero había decidido regresar. Solía pensar que vivir en una ciudad extranjera, sólo y sin apenas conocer el idioma era lo que mejor nos ayudaría a conocernos a nosotros mismos, pero no había sido el caso, el que siempre había creído estar seguro de sí mismo se había equivocado, y se había alejado de todo lo que alguna vez tuvo, sus amigos y su familia. Mayo de 2018, quién me iba a decir que la vida pasaba tan rápido, que tan rápido perdíamos la juventud y llegábamos a los trentaipico y todavía esperando. Desalentado caminaba recordando las calles, los lugares por los que hace 11 años había sido feliz con tanta gente. Me senté en un café y saqué la libreta mi vieja libreta de dibujos, con las tapas marrones de cuero y ese olor a goma y grafito que me golpeó al abrirla, estaba llena, llena de una juventud que ya había desaparecido, que se había marchitado. Pasaba las páginas asombrándome de mi mismo: verano de 2008, octubre, noviembre, los viajes en Francia, y el 12 de enero un rostro me devolvió la mirada, era tu dibujo, sentada en una mesa me devolvías la mirada con esos ojos claroscuros de papel, miré la fecha y recordé que aquel dibujo lo había hecho el día de tu cumpleaños, en una de mis tardes estudiando frente a la ventana de mi habitación, en Francia. Te había dedicado una poesía y en la dedicatoria ponía una fecha. El corazón comenzó a latirme rápido y el café se me atragantó, los segundos ahora eran eternos y los minutos insufribles, era el día, y en pocos minutos sería la hora. Había olvidado por completo la fecha y la promesa, demasiados problemas tenía en mi cabeza para recordarlo.
Subía a trompicones por las piedras del Albaycín, el sol brillaba tenue en el horizonte, se oía una guitarra y el murmullo de los turistas en la Plaza de San Nicolás, corrí justo hasta la cruz, y como si de un loco se tratase intentaba encontrarte entre los rostros desconocidos, pero no te veía, quizás te habías olvidado de la fecha o de la hora, o quizás simplemente no querías venir, puede que incluso me hubieras olvidado. Me senté frente a la Alhambra, roja y dorada reflejaba el sol del atardecer. Volví a la cruz, y despidiéndome del paisaje descubrí tu rostro entre la multitud, sentada con los pies colgando, con una larga falda de verde de seda, y una camiseta de colores, con un pañuelo también verde en la cabeza y con unas gafas de pasta, sonreías con el sol dándote en la cara, con esa media sonrisa cálida que tanto me gustaba, también contemplabas la Alhambra. Al acercarme a ti mis ojos sintieron ahogarse, se inundo de nudos mi garganta y mi corazón se aceleró hasta hacerme daño en el pecho, me acerqué a ti y sin decir nada te abracé en silencio. Me miraste con los ojos empañados:
_No quiero que volvamos a separarnos ¿me lo prometes?
_Te lo prometo.

sábado 10 de enero de 2009

Mañana extraña

Me encontraba en medio de una calle desconocida, despoblada, el polvo y el humo me envolvían y ese olor a metralla y a pólvora que envolvía la escena apenas me dejaba respirar. No dejaba de correr hacia algún lugar que desconocía, era una calle desierta, y de vez en cuando detrás de mí se levantaban columnas de humo y tierra para luego terminar en un estruendo de triste destrucción. Era el sonido de la guerra, me sentía perdido en país desconocido, con gente que nunca había visto, y de repente llegué a algún lugar que no recuerdo, vi algo importante, algo grande, algo así como una revelación que no llego a esclarecer, y entonces abrí los ojos y me encontré en la fría oscuridad, arropado, estaba sólo en un lugar al que hacía tiempo que no volvía, me levanté y me dirigí hacia la ventana, y según subía la persiana me di cuenta de que había algo raro en todo aquello, una luz misteriosa detrás de las verdes cortinas, era una luz mágica que todo lo envolvía, era extraño, como si me hubiera asomado a la proa de un transatlántico y tuviera el océano ante mis ojos, tan inmenso, tan puro, me sentí extrañamente afortunado y me froté los ojos antes de darme cuenta de que en realidad era nieve. Nieve en Aix-en-provence.

domingo 28 de diciembre de 2008

¿Iba a esperar algo más?

Hoy he descubierto algo que me ha sorprendido, como si de un jarro de agua fría se tratara. Sentado en mi habitación creía estar seguro de mi mismo. Me cerraba al mundo con mi autoestima artificialmente engrandecido y creyendo que todo era perfecto, que nada malo podía sucederme porque simplemente todo seguiría la inercia de la fortuna hasta que un día diera un paso equivocado y cayera de bruces contra el suelo. Y hoy me he dado cuenta de que creer que todo va bien, creer que todo es irrefutablemente perfecto y harmonioso aburría mi vida, monótona y vacía. Necesitamos tropezar continuamente para ver de cara la realidad, y que son esos tropiezos los que me permiten seguir escribiendo estas líneas. No sentía necesario contar lo que podría leer en un cuento. Es mejor contar lo que sucede en el mundo de los vivos. Que el tiempo pasa, que la gente cambia, que todo se olvida y que solo algunas cosas se recuerdan, que muchos se olvidarán de que exististe y que sólo algunos te recordarán en lo bueno y muchos en lo malo. Al fin y al cabo somos humanos. ¿Iba a esperar algo más?

viernes 7 de noviembre de 2008

Arena blanca y sal


Temblaba como el lomo de algo vivo el asiento y el motor rugía al acelerar, el sol se reflejaba en las gafas de sol estilo police que le daban ese aire chic, el día acababa de empezar, el cielo raso en el horizonte las montañas, curvas, más curvas, y al fin, miradlo allá a lo lejos, es el mar al que volvemos cada año, la sal pegada en la piel y la fina arena blanca de la playa que se extendía infinita, y el azul marino más allá hasta la línea del horizonte donde una nube violeta intentaba amenazarnos, son días tranquilos de verano los que pasé junto a ti, son los días más felices de mi vida en los que volví a recordarte al reconstruir el esbozo de tu sonrisa, de tu pelo rizado y de tus labios rosados. Sé que no estás y que por eso te siento tan cerca, siempre. Esperaré sentado en la arena hasta que vuelvas andando desde el mar para decirme que nada importa y que el tiempo nunca se detuvo hace diez años.

lunes 13 de octubre de 2008

A la luz de una vela

El suave tintineo de la luz reflejada en los cristales, esa luz mágica que desprendías, y ese baile suave y dulce que no cesaba; me relajaba mirarte en las noches cuando las luces se apagaban y solo brillabas tu, en medio de la soledad , solía quedarme durante horas observándote, y ese brillo que mis ojos reflejaban no era otro que el de la tristeza de verte cada día más consumida, más vieja y más diminuta, eras la misma pero sabía que no vivirías mucho, que morirías en cualquier instante de un portazo, un soplo de viento te apagaría, o que el propio tiempo te arrebataría la llama que latía entre la cera fundida por el ardiente fuego, o quizás seré yo el que de un suspiro acabará con tu vida; hoy recuerdo como eras la primera vez , y te veo ahora, derretida por el tiempo y me siento triste, triste por que mi vida sea como tú, que se agote poco a poco y que pueda apagarse en cualquier instante.

martes 26 de agosto de 2008

Sueño de verano



Negra se extendía hacia el horizonte, como un oscuro río la carretera guiaba mis pasos hasta ti, vieja casa, el sol entre las nubes, y ese viento, ese viento que sopla siempre en estos campos verdes y pajizos, mecidos los árboles bailan y dejan entrever las viejas ventanas de madera, tan viejas que crujen con el viento y con el sol. Cae la noche, tibia, y recuerdo aquellos veranos, cada uno diferente pero todos iguales, el campo, el viento, las noches estrelladas…Y creo encontrar en este lugar una parte de mi, como si año tras año la tranquilidad de este país dormido en el tiempo hubiera tocado mi alma para recordarme que siempre habrá un lugar donde el tiempo no pasa. Un lugar para soñar tranquilo con no despertar jamás.

jueves 10 de julio de 2008

Viajero del futuro


Viajo al futuro perdido en un torbellino de segundos, minutos, y horas que pasan sin cesar, ignorante me dejo llevar como un palo arrastrado por la corriente. Viajo por un túnel de final incierto, La inercia me impulsa a través de un oscuro abismo cuyo fondo desconozco, la incertidumbre abruma este viaje del que poco sabía al principio, y del que menos aún sé ahora, a mi alrededor sólo veo imágenes de caras desconocidas que caen junto a mi sin percatarse de mi presencia, es el engaño del tiempo al que vivimos sometidos, ayer nunca volverá y mañana es inalcanzable, pues siempre habrá un mañana, siempre, que nunca alcanzarás pues otro mañana te esperara, tan sólo tenemos el presente, un instante difícil de concebir en el que podemos serlo todo o podemos ser nada, eso depende de nosotros mismos y de nuestra capacidad para afrontar el día a día, para abordar los problemas, sólo tienes un segundo para ti, un momento en el que puedes ser tu mismo, mañana quien sabe si vivirás, quizás este sea el último segundo que vivas, aprovéchalo, pues puede que el fondo del abismo esté más cerca de lo que parece.

domingo 6 de julio de 2008

Desilusión

La desilusión envolvía mi habitación en la oscuridad de la tarde aburrida de notas sin música, de luces tenues y extrañas sombras en la pared. La desilusión comenzaba en tu nombre y se tejía en una red que tocaba cada rincón de esta memoria corrompida y destruida por el tiempo. Siento arrastrarme por el suelo como el pueblo al que pertenezco, arrastrarme es mi futuro y arrastrarme es mi presente. Ojalá algún día cambie el ojo de mi cerradura, para ver el mundo a través de una puerta un poco más positiva y menos conflictiva, donde las bombas nunca lleguen a explotar y donde yo no sea más que un punto en medio de mil millones de puntos felices. La felicidad esta tan ausente en estos días, simplemente esta fuera de mi. Sueño con esos dos segundos de felicidad que me alejen de ti.

lunes 7 de abril de 2008

Perdido en la memoria

En silencio escuchaba el profundo suspiro del viento en sus oídos, y en el cielo la luna lo observaba iluminando de estelas el mar que hacia el horizonte se extendía infinito en la noche como un manto impenetrable, una silueta solitaria dibujada en la playa, y un puñado de arena que como las cenizas de algún momento escapándose entre sus dedos, creía que el mar nunca le haría sentir la tristeza de la soledad, pero se descubrió oteando el horizonte en busca de sus ojos, y en algún lugar del cielo creyó verlos devolverle la mirada, solo las estrellas, creía sentir su abrazo, pero tan solo era arena empapada en la orilla por la espuma, y se dio cuenta de que no estaba sólo pero se sentía abandonado a la deriva, sin rumbo, sin nadie a quien aferrarse, quizás le tendían la mano, pero tan sólo era gente, y entre todos ellos él sólo buscaba a alguien, una cara conocida. Algún día creyó estar seguro de sí mismo, hoy se sentía enterrado en la arena de aquella playa, atado a aquella noche perdida en la memoria y destinada al olvido.

jueves 3 de abril de 2008

Dream a little, dream


A veces pensamos que un acontecimiento bienaventurado vendrá para sacarnos de la rutina, para mostrarnos cómo es realmente la vida, y soñamos con ese día que a veces parece ocultarse, en ocasiones creemos verlo justo en frente, y decimos “si, este viaje cambiará mi vida” y luego, cuando estamos de vuelta tan sólo nos queda el recuerdo de esos días, como un extraño sueño del que ya hemos despertado y es entonces cuando nos damos cuenta de que nuestra vida continúa siendo la misma aburrida rutina de siempre con pequeños momentos graciosos, el mismo triste cuarto de siempre, vacío, la misma familia de siempre, los mismos amigos, mismos compañeros, mismos profesores, y es entonces cuando creo estar en la certeza de que la felicidad no se encuentra en una sola persona o en una situación, sino que la felicidad es estar de acuerdo con lo que tienes, apreciarlo, para finalmente saber que es eso lo que te hace feliz. ¿Dónde quedan los sueños entonces? Los sueños….ah! los sueños! Quien sabe si los sueños no deberían quedarse para siempre como eso, como algo intocable oculto en algún lugar de nuestros más ocultos deseos, porque por todos es sabido que cuando un sueño se realiza deja de ser un sueño y se convierte en un buen recuerdo. Nada más.

Hoy me propongo descubrir qué es la felicidad.

lunes 31 de marzo de 2008

¿felicidad?

Pasan los momentos esperados como impulsados por el viento del devenir que guía nuestra vida hacia quien sabe que catástrofes o glorias, hace dos semanas sentía miedo, emoción, hace poco más de una era la persona más feliz del mundo, y hoy, de nuevo sentado en mi habitación me doy cuenta de que los momentos son pocos, la vida en sí es un sinfín de días aburridos salpicados de unos pocos momentos y horas de felicidad, incluso semanas, y algunos de dolor. Hasta ahora nunca me había dado cuenta de algo importante, llenar tu vida de esos buenos momentos es lo que te hará feliz.

lunes 25 de febrero de 2008

En el muelle...

Salió impávida al frío atardecer, con los ojos entornados comprendió que aquel horizonte en llamas era el mismo de ayer y sería idéntico al de mañana, descalza caminó hasta el muelle ahogado por las olas, y allí esperó hasta que el sol hundido en el océano fundió agua y arena en la oscuridad de la noche, la mar furiosa rugía en el muelle ensordecida por su propio grito, no sentía miedo por el mañana, lo que temía era el presente que se le escapaba a cada instante, desearía poder atrapar aquel momento en un frasco de cristal. Era un lugar vacío y gris, un corazón deshabitado que sólo que esperaba con la mirada clavada en el horizonte, y soñaría eternamente con el día en que llegara alguien para darle la mano y no abandonarla jamás. Lloró mientras le preguntaba a la luna si esperar merecía la pena, sin obtener respuesta más que el murmullo de las olas y el silbido del viento en sus oídos

Los peldaños de madera continuaban hasta la fina arena iluminada por la noche, avanzó hacia la mar, y sintió como una puñalada el agua helada en sus tobillos, caminó hasta que sus caderas se ahogaron en la marea, y hasta que sus hombros se hundieron bajo el mar embravecido.

domingo 24 de febrero de 2008

Fotografías

Arrugada y sucia en el suelo esperaba ser recogida, tenía una historia que contar tras el claroscuro papel entumecido, eran vidas de personas redescubiertas, recordadas al fin y al cabo por algún aburrido personaje decidido a limpiarle el polvo al año noventaicinco y regresar así al mundo que alguna vez lo conoció. Sus sonrisas demostraban que poco hemos cambiado en tantos años, ropa diferente, pero su rostro reflejaba un algo universal, quizá un don del ser humano cuyo fin sea contagiar la alegría dondequiera que vaya, vidas anónimas ancladas en un segundo, encerradas en esa prisión del tiempo que evoca la nostalgia por todos conocida…gente con vidas apagadas bajo la luz encendida de una bombilla, solía recordar que yo era una de esas personas, aunque ya no estoy del todo seguro. Ya no sé quién soy.